Drop Down MenusCSS Drop Down MenuPure CSS Dropdown Menu

UTMB


30/8/2013 a 1/9/2013 - Chamonix (Francia)

Trail por los cinco sentidos…

Como objetivo principal del año, se presentaba para mi esta onceava edición del UTMB 2013.

En esta ocasión acompañado por mi amigo Ion Sacristan, viajamos a Chamonix (Francia) con muchas ganas estar en la meca del trail running, lo que el ironman de Hawaii en el mundo del triatlón.

Sin mucha preparación, dado que hasta que no finalicé el Altriman a mediados de julio no me tiré a patear montes, pero confiando en mi preparación general de toda la temporada, me encontraba con muchas ganas de afrontar esta nueva aventura.

Así pues embarcamos el miércoles y ya, en el aeropuerto de Ginebra, conocimos a nuestros nuevos amigos del club 42915 de Gasteiz, con los que a la postre compartiríamos muchos momentos durante los próximos cinco días.

Nuestros nuevos amigos del club 42195

Nos alojamos en el Albergue Internacional de Jeunesse a escasos 2-3 kilómetros del centro de Chamonix y bien comunicado por autobús y tren.

Albergue de Jeuneusse

Ya para entonces quedamos maravillados por el Gracliar de Bossons que justamente se situaba detrás nuestro.

Glaciar de Bossons
Ya en el albergue se respiraba UTMB, con muchos corredores alojados allí. Tras instalarnos, nos moríamos de ganas de visitar la ciudad y ver el ambiente.

Nada mas llegar a Chamonix, ya todo era muy evidente


Chamonix es un preciso pueblo alpino y lugar privilegiado tanto en el periodo invernal para la práctica de esqui como el resto del año para el montañismo y cada en mayor medida para el trail.

Callejeando por Chamonix

Tras la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno de Chamonix en 1924, esta población ha conocido un desarrollo fulgurante con la construcción de numerosos remontes mecánicos, como los célebres teleféricos de los Glaciares y de Planpraz, seguidos de los de Brévent, el Aiguille du Midi y el de la Flégère.

Comenzamos a pasear por sus preciosas calles y se adivinaba facilmente que allí olía y se respiraba “trail”. Al igual que nosotros numerosos futuros participantes del UTMB hacían lo propio.


Y por supuesto nos acercamos a ver ese ya mítico lugar como es la meta.


Junto a nuestros nuevos amigos de Gasteiz, callejeamos y disfrutamos de una estupenda y tranquila tarde-noche.


Al día siguiente (Jueves) el plan era otro, acreditarse y visitar la expo. Temprano nos acercamos a Chamonix y comprobamos que esta tarea no iba a ser corta en el tiempo. Largas colas de participantes, queriendo hacer lo propio, pues nadie parecía querer dejar para mas tarde los deberes.

Haciendo "cola" para acreditarse

Todo el proceso, resulto ser curioso y un tanto tedioso. En primer lugar, y debiendo portar contigo todo el equipamiento que llevarías en carrera, te acreditabas en una primera “parada” para después pasar a una segunda donde revisaban al azar que llevabas todo el material obligatorio.

Primera parada para acreditarse

Durante la comprobación del material obligatorio


Seguidamente otras más donde te facilitaban el dorsal y algunas acreditaciones para el acceso a recintos y servicios.

Mi dorsal de la suerte

Así mismo te facilitaban la bolsa personal donde guardar todas aquellas cosas que te gustaría disponer el día de la carrera en el kilómetro 77 en la población de Courmayeur.


Detalle de la bolsa personal

Finalmente una ultima parada donde recibías algún que otro obsequio conmemorativo.

Con todo, nos dirigimos a la expo, repleta de stand de equipamiento deportivo así como de promotores de otras carreras.

Visitando la Expo

Muchos participantes compraban allí sus últimos complementos, acaso no habían traído todo lo necesario para esta cita?. No lo entendía.

Aprovecho la ocasión para calzarme unos Fivefingers de la marca Vibram. Como todo supongo que hace falta mas tiempo de adaptación, pero las primeras sensaciones fueron, digamos que no muy alentadoras.

Probándome las Fivefingers

Tanto en la zona de la Expo como en las calles de Chamonix, podías encontrarte de todo. Desde una cabra montesa alpina...


...hasta a la gran campeona británica Lizzy Hawker.

Junto a Lyzzy Hawker

Nos tomamos un descanso para degustar unas estupendas pizzas.


Ya a media tarde del jueves decidimos ir a descansar al albergue y comenzar a preparar todo el equipamiento.

Aquí entra todo...

La mañana del viernes, nos dirigimos nuevamente a Chamonix para dejar la bolsa personal, si bien en un cambio de ultima hora, la organización sin avisar decide que en lugar de 10:00 a 14:30 horas, se debían dejar por la tarde. Uno de los pocos errores que cometió la organización. Muchos deportistas con la bolsa a cuestas toda la mañana.


Comimos pronto en el restaurante habilitado por la organización para estos días y vuelta al albergue para prepararnos para la hora de salida.

Una vez de vuelta, el ambiente y los nervios eran mayúsculos.



En esta edición, y a diferencias de las últimas, tocaba que todo transcurriera sin incidencias, sin cambios de horarios ni recorridos, y efectivamente la climatología se pronosticaba muy buena.

La dureza la pondría la propia carrera, no nos hacia falta nada mas.



Ion y yo decidimos acudir a la plaza y lugar de salida, con 15 o 20 minutos de antelación. No queriamos permanecen enlatados como sardinas hora y media o dos horas como hacian muchos. Asi pues nos relajamos tumbados en un jardín hasta 10 minutos antes de la salida.

Los primeros corredores haciendo tiempo en primera fila de salida

Nos acercamos a la plaza donde ya resultaba imposible entrar y ya el nivel de activación de los participantes rebosaba por todos lados.

Vista que teníamos desde nuestra posición

Tan solo unos minutos después, vivimos unos de los momentos mas emotivos y caracteristicos de esta prueba. Comenzaba a sonar la tradicional canción "Conquest the Paradise" de Vangelis, y se desataba la locura.


La suerte estaba echada. Comienza la carrera.

Salida de carrera


Los primeros metros saliendo por las calles de Chamonix, fueron algo inolvidable, con gente agolpada a ambos lados.


 Apenas podíamos correr.


Poco a poco al salir del pueblo, comienza el gran pelotón a estirarse un poco e intento no perder de vista a Ion que viene unos metros detrás de mi.



Los primeros kilómetros hasta la población de Les Houches (Km 8), eran fáciles por pista ancha y algo de asfalto con pequeños toboganes entre casas y bosques siempre junto al caudaloso río Arve, lo que nos sirvió para entrar en calor. Y calor era lo que precisamente hacia, pues yo comencé a sudar abundantemente. Parecía imposible que durante la noche la temperatura bajara a –2º como nos comentó personal de la organización.


Claro esta, que Chamonix esta situado a unos 1100 metros de altitud y la altitud media de la prueba rondaría los 2000 metros con picos de 2400 y 2500 metros.

Y es que Chamonix está situado en la parte occidental y septentrional de los Alpes, a 15 km de Suiza por el puerto de Montets y a 15 km de Italia por el túnel del Mont Blanc. El punto en el que se unen las tres fronteras se sitúa en la cumbre del Mont Dolent (3820 m).

El valle de Chamonix está dominado por el Mont Blanc, la cumbre más alta de Europa occidental con sus 4807 metros (4810,45 según la última medición oficial de diciembre de 2009).

En carrera, poco a poco vamos adelantando corredores y hacemos lo propio con nuestros amigos el club 42195. Saludos, ánimos y continuamos adelante.


Enseguida comienza la primera ascensión al Col de Voza donde ya ponemos en marcha los bastones, pero el pelotón sigue siendo muy numeroso. Por un momento vemos a muchos participantes rodeando a una persona y sacándole fotos. Vemos al acercarnos que se trata de Kilian Jornet que estaba viendo el paso de los corredores. Nosotros continuamos ascendiendo. Por momentos la inclinación iba en aumento y por supuesto todos íbamos al paso.

Ascensión a Col de Voza

La sensación era que todos íbamos tensos, un tanto estresados aún. Ya en el descenso, esto aún se apreciaba mas con algunos empujones para poder adelantar cuando el camino se estrechaba. Pierdo de vista a Ion, ya no le veo.

Durante la ascensión con Ion detrás

Nos topamos con el segundo avituallamiento liquido y decido esperarle. No llega. Me entran dudas si seguir o no. Espero mas y por fin aparece. La verdad es que para ser solo el kilómetro 13-15, me había “agobiado” un poco con tanto estrés y comencé a sentirme fuera de lugar.

Descenso a Saint Gervais (Km 21)
 
No se que me pasó pero cuando estábamos apunto de llegar al primer avituallamiento sólido en la localidad de Saint Gervais (km 21), mi agobio era mayúsculo, y por un momento pensé que no quería estar allí. A modo de pataleta de niño de corta edad, mi cabeza parecía decir “quiero irme a casa!!!!…”.

Entrando en las calles de Saint Gervais (km 21)


El gentío era abrumador. Sonaban las bandas de música y todos los niños buscaban estrechar la mano con los participantes. Yo lo hago, pero no estaba disfrutando este momento. Cruzo el paso de control y me topo con un mas que generoso avituallamiento sólido-líquido.

Tras rebasar el punto de control de Saint Gervais (Km 21)

Como algo pero no quito la mirada de los participantes que van llegando buscando a Ion. Necesitaba encontrarme con el y charlar un poco. Por fin llega y le indico donde estoy. Me tranquilizo y trato de "resetear" mi cabeza.

Una vez en marcha aprecio enseguida que el estrés y ansiedad de la gente ha disminuido mucho y esto ya empezaba a parecer un ultratrail de verdad.

Dirección a la población de Les Contamines (Km 31) por terreno en ligero ascenso pero llevadero. En este tramo pierdo de vista definitivamente a Ion y ya decido continuar solo buscando en cada momento la mejor compañía. Aun era de día pero no iba a durar mucho. Transitando ya por senderos estrechos en un pelotón ya bastante roto, algunos comenzaban a encender los primeros frontales. Yo aguanto lo mas posible, dado que no estaba seguro si las pilas que había colocado en el frontal eran nuevas o no. Poco a poco continuo adelantando corredores.

Tras unos kilómetros mas, me decido a parar y sacar colocarme el frontal. En este intervalo de tiempo, aparece Ion, que no iba tan retrasado como imaginaba. Me alegro y seguimos juntos. Finalmente llegamos al avituallamiento de Contamines (km 31) sobre las 21:30 horas y unas 5 horas de carrera, donde puedes encontrar de todo: barritas, dulces, fruta, chocolate, bebidas de todo tipo y un caldito de fideos que a mí a la postre me daría la vida durante toda la carrera. Mucha gente también aquí animando.

Salida del avituallamiento de Contamines (km 31)

No paramos mucho y continuamos la marcha. Tras pocos kilómetros llegamos a Notre Dame De La Gorge (Km 35). A partir de aquí comenzaba la primer ascensión ya claramente dura, la subida más larga de la carrera que nos llevará por encima de los 2400 metros de altura en el refugio de la Croix du Bonhomme.

A pesar de estar ya a cierta altitud y de noche, tan solo me subo los manguitos, sin echar mano de ninguna ropa de abrigo mas.

Hasta el momento todos los controles de paso los habíamos pasado con mucho tiempo de sobra, por lo que no fue algo que nos preocupara. En esta parte de la carrera ya perdí definitivamente a Ion. Continué hasta el avituallamiento de Balme (Km 39) y comenzaba ya, a pesar de no estar muy adentrada la noche, a pasar un sueño horrible.

Avituallamiento de Balme

Me era imposible caminar en línea recta. Normalmente no suelo pasar sueño alguno en los ultras, y sin embargo a las primeras de cambio ya lo llevaba fatal. Se cruzaban pensamientos sin ton ni son en mi cabeza, todos ellos sin nada que ver con la carrera ni con el lugar en el que me encontraba.

Desde abajo, podiamos vislumbrar una interminable fila de luces que zigzagueando se alzan por la ladera de la montaña perdiéndose en las sombras.

La imagen era sencillamente espectacular, al igual que la observada desde arriba de la montaña hacia abajo, kilómetros más adelante.

La bajada hacia Les Chapieux transcurre entre zig-zags y pasos de arroyos por puentes de madera, y te lleva de nuevo hasta los 1500 metros de altitud.

Allí, en Les Chapieux (Km 49), nos obligan a pasar un inesperado control de material obligatorio que paso sin problemas.



Ya para entonces mi estomago, al igual que en otras ocasiones, me había avisado que no iba aceptar cualquier cosa. Solo en pensar comer algo que no fuera pasta y agua, me provocaba nauseas.

De hecho, ya había visto a muchos corredores con problemas digestivos vomitando en las cunetas. Tan solo esperaba no ser el próximo.

La señalización del camino, sencillamente impecable. Era casi imposible perderte.

Señalización del recorrido

A partir de aquí y hasta el final de carrera tan solo pude comer algún que otro plato de pasta, cuando los había y/o plato de sopa, aunque les pedía por favor que no me sirvieran el caldo, a pelo.

No tardo mucho en salir por una carretera asfaltada que nos llevaría a la siguiente subida, que poco a poco se convierte en un sendero empinado que nos aproximaba hasta el Col de la Seigne (Km 60) a mas de 2500 metros de altitud.

La posterior bajada a Lac Combal (km 64 y 1970 metros de altitud) transcurre por sendero ya en terreno italiano.

Avituallamiento de Lac Combal

Seguidamente una nueva ascensión hasta los 2400 metros de altitud en Arete Mont Favre (Km 68).

Ascensión a Arete Mont Favre (Km 68)

Amanece y todavía tengo algo de fuerzas para apreciar el inmenso paisaje.

Amaneciendo ya en la cima

La próxima bajada fue bastante larga y nos llevaría hacia Courmayeur (km 77), teniendo que descender 1200 metros de altitud. La primera parte es cómoda y sigo a buen ritmo.


Por un momento mi mirada gira a la izquierda y veo un glaciar al otro lado del valle. Nadie habla, todos vamos en silencio. Inmenso. Al menos ese es mi recuerdo. Perfectamente pudiera ser en otro momento o tramo de la carrera, pero asi lo recuerdo ahora.



Durante un buen rato, mi reloj gps apenas avanzaba. Me parecía raro que fuéramos tan lentos. Pronto descubrí, que se habría acabado la batería. Nunca antes lo había puesto a prueba mas de 13 horas y pensaba que aguantaría mas, pero no fue así. Se había quedado clavado en el km 70 y pocos.

Camino a Courmayeur

Durante el descenso me paro en el avituallamiento de Col Chécrouit (Km 73). Aprovecho para ir al baño y comer algo de pasta nuevamente. Tras un buen rato sentado, me doy cuenta que estamos tan solo a 4 kilómetros de Courmayeur donde podíamos acceder a nuestra bolsa personal y que era extraño que hubiera allí un avituallamiento. Pensé que me lo podía haber ahorrado.


Avituallamiento de Col Checrouit

En este momento no me dí cuenta, pero revisando fotos he podido leer el curioso texto que rezaba en la pizarra que se puede apreciar en la foto.

El paraíso esta aquí!!


Ya bastante despierto formo parte de un grupo de 3-4 corredores que vamos lanzados por un descenso muy empinado y algo peligroso entre escaleras de madera, raíces y tierra suelta. Me encontraba realmente bien y motivado por llegar teoricamente a la “mitad de carrera”, o al menos así lo consideraba yo.


Una vez en Courmayeur, disfrute atravesando sus calles, pues eran realmente bonitas. Me despistó ver algunos carteles en Italiano y otros en francés, pues sabia que ya estábamos en Italia.

Pueblo de Courmayeur

Al llegar al avituallamiento, los voluntarios italianos se afanaban por entregar rápidamente la bolsa personal a cada corredor, gritándose en voz alta su número de dorsal. En ese momento eramos muchos los que íbamos llegando y la tarea no era fácil. Mi bolsa quedo en el olvido de algún voluntario, pues nadie me la entregaba y si en cambio a los que llegaban mas tarde. Tras unos minutos plantado en mitad del varullo, me dirigo a uno de los voluntarios y le pido por favor mi bolsa. Este si me toma en serio y se pone a buscarla hasta encontrarla.

Recogida de la bolsa personal

Con ella entro en el pabellón polideportivo y allí veo a muchos participantes, algunos comiendo, otros durmiendo, unos listos para salir, otros llegando, en fin, un pequeño caos.

Me instalo y me moto mi tiempo, para curarme los pies, cambiarme de ropa, sustituir algunas cosas del equipamiento y finalmente me acerco a la comida. Miro todo lo que hay de una lado a otro de la amplia mesa, esperando que mi estomago me dijera que le apetecía algo concreto que no fuera pasta. Pero no. Otra vez pasta y agua. En fin, era lo que había, no había que forzarle.

Finalmente tras 45 minutos aprox. me dispongo a salir, momento justo en el que hace su entrada Ion. Nos saludamos y me dice que va bien, pero que continúe que el se tomará un tiempo allí.

Salgo bastante animado y renovado y afronto una nueva dura y larga ascensión al refugio de Bertone (Km 82). De nuevo un duro e interminable zig-zag por una escarpada ladera.


Camino al refugio de Bertone

Sin querer hacemos un nuevo grupo. En cada ascensión se formaban distintos grupos, agrupandose los que en ese preciso momento salian de el. Los grupos eran siempre dieferentes. Finalmente llegamos al refugio. Un pequeño descanso, cargo agua. Y en seguida continuo.

Imagen general del refugio de Bertone

Las ascensiones se hacían siempre al mismo ritmo, al paso y tirando de bastones debido a su gran pendiente. Por termino medio calculo que la pendiente media de todas las ascensiones estaba casi seguro por encima del 25-30%. Las bajadas casi eran peor, con la misma pendiente pero con un terreno lleno de piedras y raíces en muchas de ellas. La diferencia era clara, dependiendo si te coincidía bajar de noche o bien de día, mucho mas lenta en el primero de los casos.


Desde el avituallamiento de Bertone hasta el avituallamiento de Bonatti (Km 89), el terreno no presentaba grandes desniveles y aprovecho para no parar de trotar. Aquí adelanto a muchos corredores, primero marchando en solitario y después a cola de un pequeño grupo de dos corredores españoles de un mismo club que iban juntos y cuya conversación me sirvió para distraerme por un buen rato.


Camino al refugio de Bonatti

Hablaban del trabajo, de otros futuros retos deportivos que querían hacer, etc. Ameno. Posteriormente se nos junto otro corredor en este caso de Lorca, y no paraba de decir que era el único corredor de Lorca (Murcia) en el Utmb. Un tipo de mediana edad curioso y con mucho mucho ánimo. Parecía estar disfrutando de lo lindo.
Camino al refugio de Bonatti

A veces pensaba en mi amigo Ion. No sabia si continuaba o no.


Ya en el avituallamiento de Bonatti, donde nuevamente tomo sopa y agua, decido continuar mientras mis últimos compañeros de carrera continuaban allí. Hacia sol y en el avituallamiento hasta incluso pasé bastante calor.

Avituallamiento de Bonatti

En los avituallamientos no paraba mucho, aprox. 5-10 minutos y sabía que así adelantaba a muchos corredores que se tomaban algo mas de tiempo.

Siguiente parada en el avituallamiento de Arnuva (Km 94). Mi cabeza se había puesto como nueva meta psicológica, el rebasar el km 100 y Arnuva estaba muy cerca de el.


El terreno permitía también correr y así pude nuevamente seguir adelantando a mas corredores. Me encontraba bien en este tipo de terrenos e intentaba aprovecharlos. En las ascensiones era otra cosa, no me adelantaba casi nadie, pero yo tampoco adelantaba. Aquí en cambio, marchaba mas rápido e incluso el pequeño descenso final hasta el avituallamiento, lo hice realmente rápido, saltando de un lado al otro del sendero para poder adelantar mas corredores. Lo disfrute y mucho. Toda esta zona, era una zona mas despejada de vegetación y me resultó mucho mas agradable.


La misma operación, hecho un vistazo a la comida, y nada. Solo podía engullir algo de pasta y agua. Salgo rápido de allí bastante motivado por mis últimos kilómetros a buen ritmo.

Cruzamos un río con la vista puesta en una nueva, dura y larga ascensión al Grand Col de Ferret (Km 99), punto mas alto de la carrera y limite entre Italia y Suiza. Una zona preciosa. Me habia dicho que el descenso posterior era muy "corrible" y largo y sabia que tendría ritmo para adelantar mas corredores.

Tras salir del avituallamiento de Arnuva camino a Col de Ferret

Comienzo tranquilo y lento, pero trato de no parar. Trato de pegarme a un grupo, pero pronto y casi sin querer lo lidero tirando de el. La gente va muy justa aquí y hay quien se para al lado a descansar e incluso muchos a dormir. Me daba una envidia enorme verles durmiendo.

Ascensión a Col de Ferret

La primera noche había pasado mucho sueño y aun de día notaba esta sensación de sueño, aunque claramente mas despierto. Pensé que debía aprovechar el día para correr y valorar llegada la segunda noche si dormir un rato o no.

Vista de la ascensión

A medida que ascendíamos, mi respiración era mas agitada. Por momentos pensaba, “..en el siguiente repecho, paro un poco a coger aire…”, pero no lo hacía y ponía el ojo en el siguiente, “…en ese si que paro un poco…”, y nada. Estabamos nuevamente a gran altitud ya y eso lo iba notando. Mi paso era cada vez mas lento.

Una pequeña parada en el camino

Finalmente, me quito la presión de liderar el grupo y me aparto. Les dejo pasar. Necesitaba algo de aire y beber agua. Justamente en ese momento puedo ver la cumbre a lo lejos y me doy cuenta que era la imagen aérea que mas se repite en los vídeos sobre el UTMB que tantas veces había visto en Youtube.

Imagen del Col de Ferret (Km 99).
Imagen no tomada el día de carrera

Desde tierra no me pareció lo mismo cuando finalmente llegue al Grand Col de Ferret (km 99), pero desde luego fue una imagen única. La estructura que la organización había montado allí era la que se veía en los vídeos y me encantó verla. Hacia mucho viento y no quería quedarme frío, así que casi seguidamente me tiro para abajo comenzando a trotar. Quizás hubiera debido disfrutar mas de ese lugar, pero en ese momento ni lo pensé.

Ahora si comenzaba un largo descenso 2537 metros de altitud a mil y poco en 20 kilómetros de recorrido
A mitad del descenso el avituallamiento de la Fouly (km 108). No paré en ningún momento. Me acordaba de mi pupilo Samuel Arroyo, que me había comentado que aquí podría correr. Esta vez le tocaba a el seguir mis pasos a través de Internet y me constaba que lo estaba haciendo.

Periodicamente Mónica, me iba mandando algún sms que otro informándome de mi puesto en carrera. Cada vez esta mas adelante, dado que Ion y yo habíamos salido en la cola del pelotón y eso me ayudaba a mantenerme animado. Todo este descenso lo aproveché bien sabiendo que adelantaría a muchos corredores mas. La mayoría iba andando y no parecían tener piernas para ponerse a trotar.


En un nuevo sms, Mónica me informa que mi amigo Ion, había abandonado en la subida al Grand Col de Ferret. Me dio mucha pena, pero estaba seguro que lo habría hecho por algún motivo de peso. Ion no abandona así como así.

En este avituallamiento de la Fouly (km108), me doy cuenta que estaba equivocado. Pensaba que tan solo quedaban 3 ascensiones y en realidad eran 4. No había consultado en ningún momento la “chuleta” en miniatura de los diferentes tramos y perfiles de carrera que llevaba en la mochila. Me vengo un poco abajo, pero pienso que los kilómetros que faltan, son los que faltan y ya esta y en eso no estaba equivocado.


A partir de ese momento en cada avituallamiento miraba detenidamente la información que la organización tenia colgada, informando sobre el kilómetro en el que te encontrabas y el perfil y distancia al siguiente avituallamiento. Hasta este momento ni me había dado cuenta que existía esta información.

Por unos instantes entablo conversación con una argentina, que estaba algo “tocada”. Me decía que había sido muy duro hasta el momento y que era lo que quedaba. Le deseo suerte y continuo.

Tras la Folly (km 108), el descenso continúa pegado a un río del valle primero y luego sobre un sendero que va por un escarpado terreno con barrancos imponentes. Marcho solo. Ahora ya estaba seguro que salvo lesión no abandonaría.

Proximos a Praz de Fort (km 117)

Toda esta zona de Suiza me pareció preciosa, agradable y disfrutaba viendo las vacas (me las imaginaba como las de Milka) y los pueblos como Praz De Fort (km 117).



Tras tocar fondo en el descenso tocaba una nueva ascensión a Champex-Lac (Km 122).



 No es tan larga como las anteriores pero se hace igual de dura quizás debido la fatiga acumulada.



 Llegue bien a este avituallamiento, pero al tomarme unos minutos sentado, empecé a notar la fatiga muscular en las piernas. Me levanto rápido y decido seguir para no adormilarme. Todavía de día aunque a escasas horas de entrar en la segunda noche, bordeo el lago que da nombre a este pueblo. Mucha gente en las terrazas que animaban a los corredores. Ello me animó bastante. Me parecieron muy agradables estos primeros metros.

Saliendo del avituallamiento de Champex-Lac (Km 122)

Unas personas que parecian estar allí haciendo turismo, me preguntan a que hora espero llegar a Chamonix. Sonrio y les digo que “mañana”. Se rien.

Vista general de Champex-Lac

Y entonces hice el siguiente calculo erróneo; “44 kilómetros faltan, así que es como un maratón de montaña con 3 ascensiones. A un ritmo lento lo podríamos hacer en 7 horas o asi, asi que sobre las 3 mas o menos en Chamonix…”. Jajaja. Ahora el que se ríe escribiendo estas líneas soy yo.

Tras completar la ascensión, comienza un tramo en ligero descenso. Recuerdo que en varios pueblos de la zona, grupos de niñas entorno a 6-12 años, habían habilitado su propio “avituallamiento” de agua. Con un cartel en Ingles, te informaban cuanto quedaba hasta el siguiente avituallamiento y no paraban de ofrecerte agua. En todos ellos paré a beber y posteriormente les daba las gracias. Me pareció algo maravilloso y tierno. Momentos para recordar.


Y a partir de aquí cuando conozco a Edu, un catalán que reside cerca de Vic, con el que compartiría prácticamente el resto de carrera. Yo iba a buen ritmo, adelantando mas y mas corredores, pero el me adelantó a mi. Pensé que llevaba buen ritmo y me pegué a el. Pronto comenzamos a hablar. El me comentaba que solo quedaba “un maratón”. El ya había participado en otras ediciones y aproveche para preguntarle a que hora creía que llegaríamos. “…Sobre las 7 o así…” dijo. Joder!!! Pensé yo.

Me resistí a creerlo a pesar de todo.

Con el afronto la ascensión a Bovine (Km 132), una exigente subida de características similares a las ya realizadas. Subiendo se nos hace de noche. Esta vez se me hizo especialmente larga. Nos topamos con las vacas de color negro pastando a poco de coronar, y no puedo ver las siguientes señales. Dudo un poco, no quería molestarlas, pero enseguida un corredor que venia detrás, le pega un bastonazo a una de ellas y se alejan en grupo del lugar. Ahora si se veía el camino.

Tras pasar el punto de control y coronar, comenzamos un pronunciado descenso que nos llevará a Trient, con un sendero lleno de piedras y raíces que dificultan y mucho el paso. Ya para entonces los callos de mis pies me estaban doliendo al pisar las piedras en el descenso. Las plantas de mis “huesudos” pies como dice mi podólogo, comenzaban también a dolerme. Los descensos de noche y con este tipo de terreno de piedras y raíces empiezan a complicar y mucho la carrera.

A pesar de todo, no paramos de intentar bajar rápido adelantando a muchos corredores, algunos sentados a los bordes del camino descansando.

En los últimos avituallamientos había descubierto el café y eso me estaba salvando de sufrir un sueño insoportable como la anterior noche. Iba bastante mas despierto.

Veíamos las luces de Trient practicamente desde arriba, pero parecía que no nos acercábamos nunca. Descenso complicado. Finalmente alcanzamos Trient (km 139).

En el avituallamiento, y por única vez en toda la carrera, al hacer la batida de la comida, mi estomago me pide dulce. DULCE!!!!! No me lo podía creer. Cojo una galleta con pepitas de chocolate y me sienta estupendamente. De seguido arramplo con todo el plato y me convierto en el “monstruo de las galletas”. Tomo mas café y un pastel de arándanos o similar. Daba igual, todo para dentro.

Detalle del pastel de arándanos en los avituallamientos

En breve, Edu y yo nos miramos y tocaba salir otros 5-10 minutos después como de costumbre.

Físicamente bien como en toda la carrera, pero con dolor en los pies por los callos que iban apareciendo. De cualquier manera mi cabeza también estaba fuerte dado que estabamos metidos en la parte final de la prueba.

Afrontamos la segunda de las tres ascensiones nocturnas a Catogne (Km 144).

Por primera vez y para paliar el dolor de pies, me tomo un Ibuprofeno. Si, si, ya se que no lo recomiendan y todo eso, que es preferible paracetamol, pero realmente con ello, noto su efecto y suele sentarme bien. Así fue, a los pocos minutos comencé a notar algo su efecto.

Durante la ascensión, comenzaron mis “apariciones”. No sentía especialmente sueño, aunque si notaba que la cabeza se me iba un poco. “...Edu,.. estamos llegando ya al control, mira donde esta ese hombre encima de la caseta…”. “No, Mikel no, hay no hay nadie. Tranquilo suele pasar esto siendo la segunda noche..”, me decía.

Cerraba los ojos, los volvía a abrir, y efectivamente hay no había nada. Estas apariciones se repetirían otras dos o tres veces hasta el final de carrera. Me parecía ver cosas, donde no había nada.

De cualquier manera, llegamos arrima, y tras pasar el control vemos varias personas sentadas entorno a una pequeña hoguera. Por unos instantes disfruto del calor de la hoguera.

La bajada es larga y dura, al igual que la anterior, pero finalmente llegamos a Vallorcine (Km 149). Solo quedaban 19 kilómetros y una última ascensión. A la salida de Vallorcine, una hoguera aun mayor, y vuelvo a disfrutar de su calor por unos instantes.

Muy animado, y sabiendo ya que al final Edu tenia razón, llegaremos sobre las 6 o 7 de la mañana.

La última ascensión se hace dura también y Edu se va quedando algo retrasado. Antes ya le había avisado que en el último avituallamiento de La Flegere (km 160) no pararía. Tenia ganas de llegar. Seguimos adelantando corredores en la subida.

En la parte final de la ascensión, suaviza un poco pero sigue costando avanzar por las piedras del camino. Las plantas de los pies duelen mucho ahora. Finalmente alcanzamos la cima en la Tetet aux Vents (Km 152). Tras pasar el control comenzamos 11 kilómetros de descenso hasta Chamonix. Yo ya iba lanzado. Fisicamente me seguía encontrando bien. Mis piernas aguantaban el esfuerzo del descenso.

Finalmente no veo a Edu por detrás, pero dado que no queda mucho, decido seguir a mi ritmo. Alcanzo el avituallamiento de La Flegere y lo atravieso sin parar. Las luces de mi frontal ya estaban practicamente agotadas, pero no quería parar a cambiarlas.

Me guío por los corredores que voy teniendo por delante, los alcanzaba y rebasaba, hasta el siguiente. La mayoría no podía correr. Yo en cambio iba rápido. Si bien mis pies estaban muy doloridos, lo suplía con las ganas de llegar y mi buen ritmo. Tan solo una japonesa de pequeña estatura y delgadita, me adelantó. La verdad es que era digno de ver como bajaba y a que ritmo.

Hacia tiempo que Monica no me enviaba sms informándome de cómo iba en carrera, pero sabia que seguía adelantando puestos. Sabía que estaría entre los 500 o 600 mejores corredores de una de las mejores carrera de ultrafondo del mundo.

Pronto empecé a descubrir las primeras luces de Chamonix abajo en el valle. Primeras carreteras y caminos de asfalto y entro en las afueras del pueblo. Con este firme llano, podía correr sin dolor en los pies y mi ritmo aumenta bastante. Sinceramente creo que rondaría un ritmo de 04:30 a 04:00 el kilómetros. Estaba pletórico. Poca gente en la calle dado que eran entorno a la 6 de la mañana, pero también animaban como si fueras un superhombre. Alcanzo las calles de Chamonix que conocía de los paseos en los día previos. Ya estaba, lo había hecho.


Con algo mas de gente animando, la mayoría esperando a sus queridos y o amigos que estaban aun en carrera y gente de la organización. Pero yo me sentía como si hubiera una multitud. Finalmente afronto la recta donde hacia dos días había comenzado mis primeros pasos y cruzo la meta.


Me paro por unos instantes. Saco mi cámara de fotos y pido a una señora que saque una foto para recordar este instante.

Llegando a meta


37 horas 42 minutos duro esta aventura, 8 ascensiones larguísimas y duras con sus peores descensos, dos noches de sueño y alucinaciones, muchos platos de pasta y sopa, agua y mas agua, muchos corredores con los que compartí kilómetros, sin hablar con algunos y conociendo mas a otros, preciosos pueblos y paisajes y también momentos malos. Todo ha ocurrido muy muy rápido sin embargo. Me hubiera gustado disfrutarlo mas, parar mas. Pero no pude. Me deje llevar por el ritmo de carrera acabando así en el puesto 541 de los 2469 participantes iniciales.


2469 participantes de los cuales 1686 consiguieron llegar a la meta, es decir alrededor del 68% de finishers. Las mujeres eran 223 en la salida y el 63% lograron finalizar. Xavier THEVENARD fué la gran sorpresa imponiéndose entre los hombres por delante de los mejores, mientras que Rory BOSIO logró ser la primera mujer.

Años atrás veía vídeos de esta carrera, sin pensar que un día podría convertirme en uno de esos “superhombres” que lograron acabarla.

Ahora se, transcurridos unos días, que se ha convertido en otra de esas aventuras que con mas cariño recuerdo. Lo se.

Al día siguiente tomándome un merecido descanso con la prenda Finisher